Nosotros

tres generaciones sembrando en el mismo patio

Jardín Selecto empezó como el patio de una casa en San Juan. Lo que era un hobby de fin de semana —unas cuantas matas sembradas en latas de galletas— se convirtió en el sustento de la familia cuando quedó claro que la gente venía de otros pueblos buscando plantas que aquí sí agarraban.

De ahí en adelante fue creciendo despacio y a pulso: primero un vivero de sombra, después las mesas de propagación, y con los años el terreno completo que hoy ocupamos. Tres generaciones han trabajado esta tierra y cada una añadió algo. La primera trajo el ojo para lo ornamental, la segunda montó la operación de mayoreo que abastece a floristerías y paisajistas de toda la isla, y la tercera abrió la puerta a las especies exóticas y de colección.

El bonsái llegó por obsesión personal, no por negocio. Empezamos recolectando material nativo —úcar, quenepa, buganvilla— y entrenándolo con las técnicas japonesas adaptadas a un clima que no perdona: aquí un árbol crece todo el año y no tiene invierno para descansar. Esa diferencia lo cambia todo, desde la frecuencia de poda hasta la mezcla de sustrato. Décadas de prueba y error nos dejaron una manera de trabajar el shohin que es nuestra y que enseñamos a quien quiera aprenderla.

Somos un negocio de familia y se nota en cómo atendemos. Nadie va a venderte una planta que no sobreviva en tu balcón, y si llegas con una foto de algo que se está muriendo, nos sentamos a averiguar qué pasó. Preferimos que vuelvas en seis meses con la mata viva que venderte tres que se te sequen.

Hoy Jardín Selecto es vivero, punto de encuentro y aula. Vendemos al detal y al por mayor, damos servicio de trasplante y mantenimiento, y los fines de semana el patio se llena de gente hablando de árboles. Eso último es lo que más nos gusta.